Los cacharros – #microcuentodenavidad #FelizNavidad

Tras varios minutos de silencio, abrió lo que hasta ese momento parecía un nudo pero que, en realidad, era su ojo. Echó un vistazo alrededor. Sí, era el momento.

La cuchara de palo se irguió a duras penas y fue dando saltos sobre el extremo, haciendo equilibrios para no caerse. Se acercó a la olla y, con su cabezota, le dio unos golpes suaves.

— Psss, ¡eh!, no disimules, gorda.

Al oir el piropo, la olla reaccionó inmediatamente.

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Perdón, indultos, obispos et alia (III)

Viene de Perdón, indultos, obispos et alia (II)

Pienso que las declaraciones de Luis Argüello han sido tratadas injustamente. Algo en esas declaraciones no me ha gustado, es cierto; pero son muchas más las cosas que sí me han parecido acertadas.

Fue en general una intervención buena para una institución que no debe estar posicionada en el ruedo político, pero sí tiene que iluminar al Pueblo de Dios sobre los acontecimientos de la vida pública y su relación con el Evangelio. Al hablar sobre los criterios comunes que han de guiar a los cristianos, cita Argüello en primer lugar una enseñanza de Jesús en el Evangelio: «Dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios»; es decir, que la propia sociedad civil tiene una legítima autonomía para decidir sobre su organización. Dice el obispo, por tanto, que no es la Iglesia quien tiene que diseñar el ordenamiento civil, por más que pueda dar a sus fieles orientaciones sobre la adecuación o no de distintos modelos sociales a la fe del Evangelio.

Por otra parte, es tranquilizador que un obispo ponga —citando al Cardenal Newman— la verdad, la humildad y la caridad como criterios para el discernimiento de lo que se debe hacer en la vida social. Un acierto.

Muchos medios de comunicación han transmitido la idea de que la Conferencia Episcopal se mostraba favorable a los indultos. Sinceramente, no sé en qué se basan para afirmar eso porque, cuando se escucha a Argüello detenidamente, las cosas no son tan claras, ni mucho menos. Lo que está claro es que no quiere posicionarse explícitamente pero, si tuviera que decir a qué me han sonado, más bien ha sido a un rechazo de los indultos. Algunas de las ideas de Agüello en las que me baso para pensar así: dice que la humildad pide escucha y respeto al ordenamiento jurídico en su conjunto, especificando que ese respeto debamos exigírselo, en primer lugar, a los políticos; habla de la misericordia y el perdón sinceros pidiendo al mismo tiempo el respeto a la justicia; se refiere a la nota de los obispos catalanes remarcando que la necesidad de algo más que el cumplimiento de la ley implica ese cumplimiento; etc.

Es claro que en Cataluña hay muchas cosas que reconstruir. Las reflexiones de Argüello me han parecido muy válidas en ese sentido. Cultivar la amistad civil, qué bonito y difícil reto. La escucha mutua; el perdón sincero; la necesidad de huir de actitudes inamovibles, mencionando esa necesidad al referirse a las declaraciones que han hecho quienes han sido indultados; atender al rico patrimonio de una larga historia común; la fraternidad supone filiación y paternidad; es legítimo hacer propuestas para una organización distinta de la vida social y política pero siempre dentro del marco de la legalidad; habla Argüello de «comunión de las regiones»; etc.

Algunas cosas, de más calado, también muy interesantes para ese proceso de concordia social: hablando de la verdad, habla de la razón y afirma que no debemos dejarnos llevar solo por las emociones: que los sentimientos no pueden ser lo que configura, ni en la sociedad ni en la persona. Por otra parte se refiere, para rechazarla, a la actual cultura de la cancelación de tipo constructivista que, buscando recomenzar desde cero, pretende destruir todo lo anterior. También estoy de acuerdo con que el diálogo forma parte del camino que hay que recorrer, porque no todos estamos en posesión de la verdad completa. Y, muy importante, que ese diálogo ha de realizarse desde un marco compartido.

¿Qué es lo que no me ha gustado en la intervención del Secretario General de la CEE?. Varias cosas, algunas de más calado que otras.

Lo principal: me parece que tendría que haber manifestado a las claras rechazo a los indultos; y si no son rechazables, debería también haberlo dicho claramente explicando las razones. Como digo más arriba, pienso que las ideas vertidas en esa declaración son enormemente valiosas para los ciudadanos, cristianos o no, como criterio de actuación en un proceso urgente, que es recomponer una razonable amistad y concordia social en Cataluña. Y esto es compatible con la declaración explícita de la aberración que supone los indultos, y que he explicado en el primero de estos tres artículos; es más, es necesario decir la verdad, si queremos construir la concordia. Quien dice las verdades no necesariamente pierde las amistades, siempre que sepa argumentarlas y suavizarlas dejando clara su intención de acercamiento y amistad, como el obispo Argüello hizo.

Por otra parte, deja caer en un momento que la Generalidad (sic.) de Cataluña y el Parlamento catalán pusieron en duda la legalidad vigente, pero no explica por qué dice eso, o qué implicaciones quiere extraer de ahí cara al affaire de los indultos. Pienso que cae en lo que critica al comienzo de su intervención porque quien articula su discurso para que su audiencia no sepa qué está queriendo decir… vacía de contenido sus palabras.

Y aparte, menciona como fuente un documento de San Pablo VI, pero no lo cita en ningún momento: no se sabe qué dice ese documento ni por qué viene al caso.

Dejo al final el vídeo con la intervención que he «diseccionado». Lo relativo a la situación catalana está a partir del minuto 20 —dura unos 15′, y luego en una de las preguntas, que empieza en el minuto 40.

En resumen: las declaraciones en general me han gustado, aunque me han parecido insuficientes. Y pienso que las críticas que se están haciendo de esa declaración están siendo injustas.

… y eso es todo, como dice Ancín.

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Perdón, indultos, obispos et alia (II)

Viene de Perdón, indultos obispos et alia (I)

Cuántas reacciones, caray. Pero, ¿alguien ha escuchado las declaraciones de @monsarguello? (que, dicho sea de paso, anda que ponerse lo de «mons» en el perfil de Twitter,… algún asesor de imagen quizá no vendría mal). Pues mira tú que yo sí las he escuchado; algunas cosas me han chirriado, es verdad. Pero han sido muchas más las que me han parecido muy razonables.

Además de esa intervención, he leído otras cosas: la declaración de los obispos catalanes, las ideas del artículo del obipo de Oviedo, Sanz Montes, y alguna nota sobre lo que expuso el Arzobispo de Toledo, Cerro Chaves —otro «dicho sea de paso» jocoso: parece que queda bien referirse a los obispos con los dos apellidos, como sucede con los árbitros de fútbol… quizá ambos tengan características en común.

Se están vertiendo en las redes muchas opiniones destructivas. Las que provienen de personas que no son católicos, o se manifiestan contrarios a la Iglesia, ateos, etc., las puedo entender, dado que la fe —de la que carecen— ayuda mucho a comprender correctamente la misión de la Iglesia en este y en otros temas. Yo, como fiel cristiano, me siento movido a procurar ofrecer una aportación constructiva, tanto al referirme a la intencionalidad de las distintas intervenciones, como a su fondo y forma.

En primer lugar, nadie tiene el derecho de hacer afirmaciones categóricas en el ámbito de las intenciones. De internis, neque Ecclesia. Afirmación que viene muy al caso: doblemente al caso. Desconozco las motivaciones de fondo que llevan a unos obispos a pronunciarse de una determinada forma. En la duda, y no teniendo más datos, puedo quizá tener cierta prevención si hay cosas que no entiendo, pero desde luego no debo juzgar condenando. Puedo estar de acuerdo o no con sus posturas, pero confío en que están movidos por la mejor intención de iluminar al Pueblo de Dios en un tema ciertamente vidrioso y que tiene muchas derivadas.

En España somos muy dados a las enmiendas a la totalidad. Así, al juzgar que la Conferencia Episcopal se ha posicionado a favor de los indultos —cosa que, además, no está tan clara— la reacción de algunos católicos está siendo manifestar su determinación de dejar de aportar a la Iglesia Católica en la próxima declaración del IRPF. Esto me parece, sencillamente, infantil: como el niño que dice «pues ahora no respiro». Como si la aportación a la Iglesia fuera una especie de pago para que la Jerarquía diga lo que a cada uno le parece adecuado en cada momento; como si el magisterio de los obispos fuera una mercancía.

La aportación a la Iglesia no es un pago por un servicio, sino una muestra —una de tantas— de que todos somos Iglesia y de que todos, por tanto, debemos implicarnos en el sostenimiento de sus obras y actividades, que son nuestras, y en la manutención de quienes han renunciado a ella para ocuparse de nosotros, los demás fieles. La «X» en la declaración es una herramienta que parece buena, y que es compatible con otras vías. Si no existiera, los Católicos seguiríamos obligados a aportar de otras maneras.

En cuanto al contenido de las declaraciones, seguiré en un próximo post.

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Perdón, indultos, obispos et alia (I)

En todo este ingrato asunto de los indultos que el gobierno ha concedido a unas personas de Cataluña que estaban en prisión, se están utilizando mucho, curiosamente, una serie de conceptos como perdón, misericordia, fraternidad,…

Dicho sea como entradilla: es evidentemente injusto calificar a esas personas como «presos políticos». Fueron condenados legítimamente por un delito comprobado, en los tribunales del Estado, al final de un proceso llevado a cabo con todas las garantías, y con unos jueces que en todo momento ejercieron un verdadero magisterio público sobre el buen hacer jurídico.

¿Se puede conceder el perdón a quien no está arrepentido?. Pienso que en este caso interesa especialmente distinguir dos ámbitos, dado que algunos de los implicados, cristianos o no, están utilizando unos términos de profunda raigambre cristiana o que, al menos, evocan valores del Evangelio; y también, por otra parte, porque la Conferencia Episcopal Española ha entrado en juego.

Por un lado, está el perdón como actitud o, mejor, como acto interno del individuo. En este caso, todas las personas estamos invitadas a perdonar. Es más, los cristianos tenemos la obligación de perdonar. Nos lo enseña Jesús mismo en el Evangelio: perdonar, no hasta siete veces (el siete es, en la Biblia, el número perfecto, el número de Dios) sino hasta sententa veces siete —es decir, siempre. A los golpistas catalanes, ¿les perdonas?; mi respuesta: soy consciente de que debo perdonarles y me estoy esforzando por hacerlo, por supuesto, de corazón. ¿Aunque no se arrepientan?; sí, aunque no se arrepientan.

Por otro lado, está el indulto de un condenado por los tribunales. Esto ya no es el perdón personal, sino algo social y jurídico. Aquí las cosas ya son un poco distintas. Así como Dios es perfecto y perdona siempre —y, a imagen de Dios, los cristianos tenemos que perdonar— la sociedad humana, sin embargo, no es perfecta, porque el hombre no es perfecto.

El ordenamiento jurídico regula, entre otras cosas, las garantías de los derechos de los ciudadanos y de las relaciones de estos entre sí, y ordena las políticas públicas en beneficio del interés general. En ese ordenamiento, el derecho penal es una medida de protección de la propia sociedad frente a quien rompe sus normas. A quien ha sido condenado por algún delito y afirma que volverá a cometerlo si tiene la oportunidad, no se le puede indultar. Hacerlo va en contra de todo el resto de ciudadanos, que no han cometido el delito y que en este caso, además, sufren sus consecuencias. Indultando a quien quiere llevarse por delante un bien moral o jurídico que nos afecta a todos, el gobierno nos está desprotegiendo a todos. Premiar al culpable contumaz, poniendo además en peligro al inocente, es profundamente injusto.

¿Puede haber graves y particulares circunstancias que, en algún caso excepcional, justifiquen un indulto en esas condiciones?. No lo sé, la vida es tremendamente rica en cuanto a situaciones que se pueden dar. Pero no parece que en este caso de Cataluña se den unas mínimas condiciones para ello. Y la razón más inmediata que me lleva a pensarlo así es que las personas indultadas tienen, no solo la voluntad de volver a deliquir, sino los medios para hacerlo.

Ir a Perdón, obispos et alia (II)

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¿Solo bares y terrazas, @idiazayuso?

He empezado a contestar en Twitter a un post de @iguardans, pero me ha parecido mejor trasladar aquí el contenido del hilo de tuits que estaba escribiendo, aun arriesgándome a que se lea quizá menos —ya se sabe que es más fácil ir de titular en titular que enfrentarse a un texto, aunque sea breve. Ahí van algunas reflexiones, escritas a vuelapluma.

Este es el tuit en cuestión:

¡Qué monumental simplificación decir que Díaz Ayuso ha ganado las elecciones por «las barras de bares y las terrazas»!. ¿Puede alguien serio pensar o decir que no hay nada más que eso?.

Bajada de impuestos, ejerciendo la autonomía de Madrid frente a nacionalistas que querían impedirla.

Dos hospitales nuevos alabados por organismos internacionales.

Gestión de la pandemia intentando minimizar el impacto en la economía de la región.

LIbertad de elección de centro educativo para los padres, independientemente de su nivel de renta.

Opción por la colaboración entre ámbitos, público-privado, buscando maximizar la utilidad para la ciudadanía, en lugar de imponer ideología en la gestión.

Hablar y actuar sin complejos.

Y podríamos seguir.

Pero, además de políticas concretas, no se puede perder de vista algo de gran relevancia en este caso: la contracampaña trapacera de la izquierda, construida a base de incoherencia, victimismo, insultos y violencia.

Porque no olvidemos que lo que más votos le ha dado a Ayuso es la incoherencia y las mentiras manifiestas tanto de Pedro Sánchez como de Pablo Iglesias. Y eso ha seguido tras las elecciones, con declaraciones del PSOE, Podemos y Más Madrid que son, cuando menos, sonrojantes: abroncando a los votantes como si fueran menores de edad, presentándose como víctimas cuando han sido causantes de actos violentos, extendiendo carnet de «madrileñismo» sólo a sus votantes —como si el millón seiscientos mil votantes de Ayuso no fueran madrileños, y, en el paroxismo de la rabia y el intento de preservar de la catástrofe a los ideólogos de Moncloa, la afirmación de que hablar de libertad es sospechoso de identificarse ¡con los campos de concentración nazis, nada menos! (Calvo dixit).

¿De verdad?. ¿De verdad Ayuso ha ganado solo por las terrazas y las barras de los bares?.

La izquierda tiene que hacérselo mirar muy seriamente.

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El que llegó el último – #microcuentodenavidad #10MinutosconJesús #FelizNavidad

El último pastor que llegó en la Nochebuena miraba la escena de la gruta desde la ventana. No se atrevía a entrar. No llevaba nada para ofrecer y, además, andaba con algunas cosas por los adentros que le avergonzaban; no sabía si sería bien recibido. Cuando escuchó el mensaje de los ángeles pensó que no iba con él y al principio no tenía intención de ir a Belén, pero luego se decidió.

Cuando José le vio fuera, él casi aparta la mirada. Sin palabras, hablaron un poco. Y empezó a sentirse más confiado. José le hizo una seña para que entrase, y avisó a María de que ahí estaba. En cuanto ella le vio, se le iluminó la cara.

— Jorel, no sabía si vendrías. ¡¡Qué bien que estás aquí!!.

Al llegar donde María, le dijo algo tímidamente «Yo… es que no traigo nada».

— ¿Cómo que no?. ¡Te has traído a ti mismo!. ¿Qué más queremos?.

Notó como si algún nudo se le empezara a desatar por dentro. Y se animó a seguir hablando

— Bueno, y en realidad no sé si tendría que estar aquí. Creo que últimamente no le he dado muchos motivos a Adonai para estar contento conmigo.

— Ya. Oye, pero ya que estás aquí… querrás ver a Jesús, ¿no?.

Jorel se inclinó en el pesebre y se sorprendió a sí mismo dándole un beso al niño. Y se le vino a la cabeza la cantinela de un salmo —¡otra vez! ¿querría Adonai decirle algo con esas palabras?—; se le quedó grabado en la mente la última vez que había ido a la sinagoga, hacía ya bastante tiempo:

«En vano madrugáis, y os vais tarde a descansar los que coméis el pan de fatigas; porque Él se lo da a sus amigos mientras duermen»1

— Sí, Jesús. Quiero cambiar. Y sobre todo, quiero ser amigo tuyo ya para siempre, pase lo que pase y aunque alguna vez vuelva a las andadas.

Llegó el último, pero se quedó más tiempo que ninguno.

5 de enero de 2021

1 Salmo 127, 2. Traducción de la Biblia de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

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Los ojos – #microcuentodenavidad #10MinutosconJesús #FelizNavidad

José no sabía muy bien dónde estaba. Y además, se preguntaba algo curioso: «¿qué está pasando con los ojos de la gente?». La verdad, todo era un poco raro.

Vio a Yejudiel Bar Jared, un vecino que pasaba por allí. «Oye, Yejudiel, ¿qué hay de tus ojos», le preguntó.

— Hola, José. Pues mira, yo solía tener siempre los ojos cerrados; y un día, cuando ya era un jovencito, los abrí. No sé por qué. Por un rato me alegré al ver todas las cosas que había a mi alrededor; sentía como… como que yo formaba parte de algo, ¿sabes?, y que en ese conjunto mi existencia tenía un sentido; dí muchas gracias por ello a Adonai. Pero luego las cosas cambiaron. Ví un Siclo que tenía mi padre en casa y mira tú que, de repente, noté que la moneda había dado un salto, se me había metido en el ojo izquierdo y, al mismo tiempo, todo lo que estaba a mi alrededor se había vuelto oscuro. Desde entonces sólo pienso en dinero. Algunas veces me da por recordar que desde niño mi madre estaba continuamente queriendo entrar en mi ojo derecho y yo me empeñaba en tenerlo cerrado. Cuando lo pienso, me lo quito rápidamente de la cabeza; estoy muy ocupado comerciando, ¿sabes?, y no tengo tiempo para nostalgias tontas.

Yejudiel calló de repente. José no le vio más. Pero empezó a hablar Jared, un vecino de Belén bastante simpático que José conoció a los pocos días de llegar con María, quien le contó también algo sobre sus ojos: tenía uno lleno de comida y el otro lleno de bebida; y cuando veía un buen almuerzo ya preparado, ¡se le iba la cabeza y no era capaz de pensar en otra cosa!.

José estaba empezando a sentirse un poco depre, porque había tenido varios encuentros con historias por el estilo. Pero al rato apareció Suri Bat Joshua, una vecina de Belén, jovencita, nerviosa y alegre, que les había visitado varias veces en la gruta.

— ¡José!. Bueno, ahora que te veo por aquí,… ¿sabes qué me ha pasado?, ¡no te lo puedes ni imaginar!, y yo ya no me lo callo más. Seguro que no sabes por qué voy tanto a veros, ¿verdad?. Pues mira, es que la primera vez que ví a Jesús, ¡se me metió en los ojos!, pero en los dos, ¿eh?. ¡Tal como te lo cuento!. Y resulta que… ¡pues que ya no me lo puedo sacar!. Bueno, ni puedo ni quiero. Se lo dije a María en cuanto me pasó, y ella me susurró al oído que no me preocupase, que eso le pasaría a mucha gente a partir de ahora y que es algo bueno. Yo no lo entendí del todo, pero como me fío de Maria, me quedé tan contenta. Desde que me entró Jesús en los ojos ¡no paro de pensar en él todo el día! y, la verdad, ¡estoy encantada!.

La Virgen vio que su esposo, dormido plácidamente en un lugar del Portal donde a veces se sentaba para descansar, después de estar un rato con la cara inexpresiva, empezaba a sonreir entre sueños.

 

1 de enero de 2021

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El año – #microcuentodenavidad #10MinutosconJesús #FelizNavidad

— 3.761

— ¿Seguro, José?.

«Sí, sí, seguro», dijo él mientras, desde un rincón de la gruta, terminaba de cepillar una madera para un pedido que entregaría al día siguiente. «Adonai empezó a crear el mundo el 1 de Tishrei del año 1, hace 3.761 años, según dicen los rabinos».

Después de esa afirmación un tanto categórica —porque era cierto que así se enseñaba en la sinagoga—, José se quedó con la sensación de haber zanjado el tema y haber cumplido con su deber: conocía bien las enseñanzas de los rabinos y, como padre de familia, las transmitía a los suyos.

María puso un gesto entre resignado y pillo; desde poco después de nacer Jesús le rondaba una idea en la cabeza de la que, aunque tampoco le importaba demasiado, ya estaba muy segura.

— ¿Y si en algún momento los años se empiezan a contar según el nacimiento de Jesús?.

José se quedó un poco sorprendido, porque aunque la idea le pareció de entrada un tanto peregrina, María ya le había sorprendido varias veces por la profundidad con que interpretaba la Escritura. Miró un momento a su mujer y volvió a darle al cepillo.

— Bueno… ¿tú crees que será así?.

Levantó la vista de nuevo y vio que María sonreía con los ojos cerrados, con Jesús en los brazos.

 

31 de diciembre de 2020

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El padre – #microcuentodenavidad #10MinutosconJesús #FelizNavidad

Llevaban ya varios días en Belén y seguían en la gruta donde habían pasado la Nochebuena. María y José habían terminado de limpiarla y hasta le dieron algún toque hogareño, porque vieron que entre las pocas casas del pueblo no iba a ser posible encontrar lugar estable, y no sabían bien cuánto tiempo pasarían allí: no parecía prudente emprender un viaje de varias jornadas, incómodo y algo peligroso, con el Niño recién nacido, y decidieron que, por el momento, allí se quedaban.

Al poco tiempo se pasó por la gruta Eliel, un primo lejano de José que se había enterado de que estaban por allí —en el pueblo se había corrido la voz con rapidez—. Hablaron un buen rato. Cuando Eliel supo que José era artesano, le pidió un trabajo que necesitaba en su casa. Los ahorros que se habían traído desde Nazaret no iban a durar mucho más, y José decidió hacerle un buen precio ya que sabía que Eliel podría hablar de él a otros posibles clientes de la zona, y además así le hacía un favor a un pariente.

Los pedidos empezaron a llegar poco a poco y gracias a esos ingresos la gruta fue adquiriendo un aspecto más agradable. Y María, encantada.

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El coro – #microcuentodenavidad #10MinutosconJesús #FelizNavidad

Desde que salieron de Belén, Baltasar —el más aplicado de los tres— no dejaba de estudiar el cielo cada noche. Gaspar y Melchor le tomaban un poco el pelo, aunque sabían que, cuando llegase cada uno a su lugar de origen, ellos tendrían que recuperar algo de tiempo perdido.

Un día, ya caída la tarde, les llamó, un poco sorprendido.

— ¡Ey, dejad un momento tranquilos a vuestros pajes, caray!. Venid a ver esto.

— ¿Otra novedad?.

No necesitaron que les diera muchos detalles. Llevaban varios meses sin perder ojo a Júpiter y, al mirarlo con detalle esa noche, notaron que las estrellas que en ese momento estaban a su alrededor, veinte o veinticinco, brillaban más de lo normal.

— ¿Y eso?…


Lejos de allí, José había preparado un rincón discreto en la caravana que iba a Egipto, para poder pasar la noche con tranquilidad. Al apagarse las voces apareció por allí un chavalillo sonriente, vestido de blanco. Era curioso: se le veía bien, pero se podía mirar a través de él. Saludó con un «Hola» algo descarado, como si conociera a José de toda la vida.

Detrás de él empezaron a llegar varios más y se fueron situando alrededor de Jesús, que se chupaba nerviosamente los dos puños medio cerrados, entre risas. Eran unos veinte o veinticinco. Cuando entró el último, empezaron a cantar y estuvieron así un buen rato. Al terminar, se fueron acercando a la cuna entre empujones de prisa juguetona y leves codazos, y cada uno de ellos, tras hacerle al Niño alguna caricia, una monería o darle un beso, dejaba de estar allí.


En el camino hacia Oriente los tres sabios vieron cómo, al cabo de un rato de estar observando, las estrellas que estudiaban iban recuperando paulatinamente su brillo de siempre. Nunca llegaron a explicárselo.

Y terminó ese día. Un día que después, con el correr de los siglos, sería el 28 de diciembre.

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