Postizas obligaciones políticas

En el PSOE-PSN se está poniendo de moda que los políticos con algún cargo representativo declaren públicamente cuál es su patrimonio. Ultimamente lo ha hecho Roberto Jiménez, en lo que se presenta como un supuesto alarde de transparencia; antes lo hicieron los ministros del gobierno y los resultados fueron en algunos casos sencillamente vergonzosos, por poco creíbles. La ministra más “rica” resultaba ser Cristina Garmendia, con una posición bastante desahogada; se pregunta uno si Cristina Garmendia sería efectivamente la más rica o si quizá fue simplemente la más sincera. Recientemente José Ignacio Palacios ha escrito un buen artículo en el que con bastante sentido común cuestionaba a Roberto Jiménez: o las cuentas no son reales, o el candidato del PSN-PSOE tiene muy poca capacidad para gestionar un patrimonio. Pero en fin, con respecto a las cuentas hechas públicas por unos y por otros, no me fijaré en su sinceridad, sólo echaré al aire la pregunta de si esas cuentas estaban o no auditadas y,  en su caso, qué firma de auditoría las garantizó.

Este tema, con la que está cayendo, no deja de ser otro movimiento de distracción por parte de los que nos gobiernan. Una parte importante del arte del buen gobierno está en la capacidad de focalizar la atención en las cuestiones realmente relevantes. Puede haber multitud de cuestiones circunstanciales que podrían estar bien en otro momento o situación: el buen gobernante, o el buen político (que en definitiva es el que se postula para gobernante) debe ser capaz de prescindir de todo aquello que no es el meollo de la cuestión, sobre todo en unos momentos en que no nos podemos permitir el lujo de tener políticos distraidos con temas secundarios.

Cuando buena parte de los españoles lo están pasando mal, con un paro galopante y muchas familias enteras sin fuentes de ingresos, un mal gobernante podría pensar que el tema es “cómo de bien” lo están pasando los políticos. Craso error que intenta fomentar la envidia para arrimar el ascua a su sardina. No nos interesa cuánto tiene o deja de tener un señor, me gobierne o no, sea el vecino del quinto o el fontanero. Lo que me importa es que se hable de los temas medulares y que quien debe tomar decisiones esté de verdad interesado en el bien común y no en ganar votos con medidas demagógicas.

Queremos que los políticos gobiernen con eficacia, y para eso da igual lo que tengan. Las cosas hay que ponerlas fáciles a los políticos honrados y competentes, que son muchos, y bastante difícil se lo pone ya el sistema de partidos que tenemos en España como para además exigirles que desnuden públicamente su intimidad patrimonial, a la que tienen el mismo derecho que cualquier ciudadano.

Hablar del patrimonio de los políticos no soluciona nada, deberíamos centrarnos en otras cosas. Por otro lado, no me parece mal que se hable, siempre que no se haga desde la postura farisea y envidiosa que sostiene en la forma o en el fondo, tácitamente, que el de enfrente es peor que yo por tener más que yo; sería un bonito tema para una sesión de psicoterapia. Tener más o tener menos es, en principio y en sí mismo, indiferente. La cuestión puede ser cómo se ha obtenido, etc., pero sobre todo lo interesante es la capacidad que  se tiene para gestionarlo.

Se podría alegar que interesa saber cuánto tienen los políticos antes y después de desempeñar su cargo, para hacerse una idea de si ha podido existir un enriquecimiento indebido. Si se entiende que esto es interesante, háganse auditorías reguladas por ley que garanticen la legalidad y moralidad de un posible aumento de patrimonio; y sin necesidad de que se hagan públicas, porque si alguien sale con más de lo que entró y alguien lo vocea, ya habrá más de un envidioso que hará recaer sobre él la sospecha, por muy claras que estén las cuentas: ya se sabe que cuando el río suena…

Para manejar dinero yo me fío más de una persona que ya está acostumbrada a manejarlo. Si voy a confiar mi patrimonio a un gestor, miraré antes cuánto beneficio ha obtenido a sus clientes hasta el momento. Por tanto, como también creo en la presunción de inocencia, el político con más patrimonio me inspira, a priori y ceteris paribus, más confianza de eficacia en la gestión del dinero de mis impuestos.

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Acerca de Juan

Con los ojos abiertos, ¡y con poco tiempo!
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