Ansiedad tecnopática

Artículo publicado en El Diario Vasco el 6 de mayo. De nuevo, mi agradecimiento al periódico.

Me parece que no está del todo pulido, pero bueno… no está tan mal. Tengo algún otro artículo medio preparado sobre este tema, en un tono más “jocoso”; a ver si me animo, y a ver si lo consigo: reconozco que los artículos jocosos se me dan un poco peor.

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Ansiedad tecnopática

He visto recientemente “La red social”. Gustos al margen, me ha quedado la clara impresión de que la película sobre cómo se gestó Facebook y sobre sus creadores está hecha al mismo estilo del fenómeno que describe: es rápida, guay y nada secuencial; vibrante y entretenida. He podido comprobar que varias personas de una cierta edad que la han visto no han sido capaces de seguirla, porque los que más entrenados están para digerirla bien son precisamente los que están habituados a manejarse en su lenguaje y ritmo -los del propio Facebook y fenómenos similares-.

Internet supuso una ruptura en nuestro modo de vivir, trabajar y relacionarnos y proporcionó la plataforma que hizo posible la irrupción de otros acontecimientos aún más importantes que, como ella misma, han marcado un antes y un después. Google hizo que Internet comenzara a ser útil, quizá Wikipedia se pueda considerar como el comienzo en serio de la web 2.0, y necesariamente debe ser tenida en cuenta la entrada de las redes sociales en la escena cibernáutica.

Desde hace algunos años se habla de las redes sociales en Internet, de sus posibilidades, de sus riesgos,… en realidad, sin embargo, en lo que a riesgos se refiere, no han aportado nada sustancialmente nuevo. Lo cierto es que han supuesto en nuestra vida un amplificador de actitudes y tendencias que siempre han estado ahí. Siempre han querido hombres y mujeres estar al tanto de todo lo que pasa, ofrecer su mejor perfil, aparentar una alegría permanente, contactar con mucha gente, etc., y hacer todo eso del modo más cómodo posible. Las redes sociales en Internet no cambian eso, sino que ofrecen una herramienta inigualable para conseguirlo –supuestamente- de forma inmediata.

El hecho de poder alcanzar esos deseos de un modo fácil e inmediato hace que se dé un cambio de paradigma, ya que en el ánimo del usuario esos deseos –muchos de ellos, loables- pasan a convertirse en necesidades: la tecnología me permite satisfacer de forma inmediata un deseo, por lo que comienzo a sentirlo de forma postiza como una necesidad. Estas necesidades irreales tienden, por su misma naturaleza, a desplazar de nuestras prioridades las necesidades que sí lo son en realidad: informarse a fondo de las cuestiones, alcanzar una opinión bien fundada, trabajar bien, conversar con tranquilidad, atender a las personas con las que estamos,… y pueden provocar una cierta ansiedad –ansiedad “tecnopática”, si se me permite el término-.

Esa ansiedad puede venir motivada por varios factores: el sentimiento de pérdida de tiempo que producen las supuestas “necesidades” -que además se vive como algo inevitable, por lo que puede producir una cierta frustración-, la prisa constante, el picoteo intelectual, etc. Por otro lado, hay tanta información disponible, tan entretenida y que despierta nuestro interés en tal medida que no es posible llegar a todo con una cierta serenidad.

El truco para utilizar de modo razonable las redes sociales sería darse cuenta de que hay muchas necesidades que no son tales, sino que son fantasmas creados por la tecnología. Hay que romper con esta espiral, caracterizada también por la cultura del slogan: cada vez menos personas leen con detenimiento, piensan con tranquilidad ni profundizan en los temas. El que suscribe se sabe totalmente inmerso en esa cultura, y con el tiempo uno va descubriendo la necesidad, para los que sufrimos esa “patología”, de fomentar la sana costumbre de decretarse en la vida personal algunos espacios “Internet free”; y no sólo por la materialidad de no entrar en la red, sino incluso por liberarse de vez en cuando de su manera de ser propia: hay que pararse, leer, reflexionar, empaparse con profundidad de los temas que nos interesan, etc. Si los usuarios que no somos profesionales de la tecnología no conseguimos una cierta distancia con la red -que no es alejamiento-, en el fondo no podremos aprovechar todo su potencial.

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Acerca de Juan

Con los ojos abiertos, ¡y con poco tiempo!
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Una respuesta a Ansiedad tecnopática

  1. tgacebo dijo:

    Muy bueno, Juan. Te haré caso.
    Clic

    Me gusta

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