Bajo el lema del…

“no me canso”: así ví ayer una vez más la peli de Mel Gibson “La Pasión de Cristo”. Una vez más, digo. Creo que es el 4º o 5º año consecutivo que la veo en Semana Santa. Como ya decía el año pasado, no cansa; es una historia antigua y nueva que está siempre viva. Interpela. Es lo que más interpela, diría yo, porque de alguna forma uno se da cuenta de que “yo también estaba allí”, aunque sucediera casi 2000 años antes de que yo naciera.

Este año, más impresiones viejas y nuevas. La que más “nueva” me resulta es algo de lo que no me había percatado hasta ahora, la verdad: cómo se juega en la película con las miradas de Jesús. Es claro que está buscado así. Hay un juego muy frecuente por el que siempre que Cristo mira “en primera persona”, de tú a tú, la otra persona se nota interpelada; y la mayoría muestran una actitud de conversión. Y en la película también han captado otra cosa realmente fantástica y acertada: en medio de la preocupación, de la tribulación, Cristo está ocupándose de personas concretas; no deja de estar pendiente de los que tiene alrededor. Botones de muestra: en cómo toma el velo de Verónica, se le ve que quiere hacer un regalo a esa mujer; le están prendiendo en el huerto de los olivos, y se fija en Malco que claramente tiene un vuelco interior; la mirada a Judas, la mirada a Pedro,…; está en el palacio de Herodes y mira a una de las cortesanas, de un modo que hace a ésta bajar la vista; cómo mira a Simón de Cirene,… y sin embargo, en los momentos en que mira a su Madre el que se muestra interpelado es Él: en el palacio de Caifás, en la Vía Dolorosa, etc.

En fin, Semana Santa -su “núcleo”, me refiero- no me parece momento para enchufarse un peliculorcio de tiros o de risas o de abor. La Pasión es también una peli, y muy buena desde el punto de vista cinematográfico, que plantea sin eufemismos algo que a todo el mundo le toca. Verla es como prepararse para revivir los misterios de la Semana Santa, como hacer un Via Crucis que es al mismo tiempo tremendamente fiel a la realidad de la Pasión y rabiosamente actual por el medio.

Y tiene todo que ver con la obsesioncilla que me corroe desde hace un tiempo: ¿dónde está aquí la belleza?. Me parece que es evidente, ¿no?; bueno, más bien no es evidente pero resulta claro si uno tiene ojos en la cara y un mínimo de sensibilidad. De hecho, es toda una lección de cuál es la auténtica belleza, que algunas personas -las que se convierten con esa mirada de Jesús a la que me refería antes- saben descubrir, por muy pecadores que sean. Me remito al artículo que puso mi amigo Tomás en un comentario a una entrada anterior. Y copio aquí el link, porque realmente merece la pena.

Mañana, Viernes Santo, ¿qué mejor cosa se puede hacer?: rememorar personalmente el Via Crucis. Y por supuesto asistir a los oficios, vivir el ayuno y la abstinencia… y todo eso para “hacerlo vida”, claro, porque si no ¿de qué serviría?.

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Acerca de Juan

Con los ojos abiertos, ¡y con poco tiempo!
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