Calumnia -a Cáritas-, que algo queda

Hace ya unos días que tenía ganas de ponerme a escribir esta entrada, pero no encontraba tiempo… tengo el blog un poco abandonado, la verdad. Hago firme propósito de enmienda… (¿lo mantendré?).

Ya se ve venir el próximo flanco que va a ser atacado por la progresía del pensamiento light y la subvención: Cáritas. Es lógico, hasta cierto punto. No digo lógico desde un mínimo sentido común, claro, sino lógico teniendo en cuenta cómo se las gasta el sectarismo dominante en cierto espectro del progresismo actual.

Es normal, insisto, y bastante predecible. Cáritas es la cara de la Iglesia. Es lo más “vendible” que tiene la Iglesia en la actualidad y por tanto es lo que hay que atacar. Es la solidez de la Iglesia. La muestra de que la fe está realmente para hacerse vida, y de que cuando lo hace ofrece respuestas que nada más en este mundo puede ofrecer.

Cuando toda la cultura occidental hace agua, porque hemos dejado de confiar en la razón -esa diosa razón a la que adoraban los ilustrados, al ser entronizada en su supuesta independencia, se ha fagocitado a sí misma-, lo único que resulta creíble es la belleza. Y por tanto, lo único que las gentes, desorientadas por el relativismo, pueden tener como tabla de salvación, es el testimonio de la auténtica belleza. Por la belleza, al bien auténtico, y de ahí a la verdad.

La belleza del desinterés. Bendito desinterés de muchos miles de personas, voluntarios y donantes de Cáritas, simple reflejo -incluso aunque algunos quizá ni lo pretendan así- del desinterés del gran desinteresado, del único Desinteresado. De un crucificado allá por el año 30 de nuestra era. Nuestra era… ¿será que ese señor -Señor, decimos algunos- ha marcado nuestra era precisamente porque su vida es el ejemplo de los valores que ahora percibimos, sin género de duda, como auténticos?.

La belleza de actitudes que son una auténtica respuesta a la necesidad que tiene el mundo de algo que lo mejore y lo haga más digno, de algo realmente real, palpable. Y ahí está la realidad: 1.800.000 personas atendidas, alimentadas, con techo, con compañía; 1.800.000 personas que han sentido la cercanía de alguien que les ha ayudado, de una mano tendida.

Lo decía todo un tweet de @Suances que retwiteé hace unos pocos días: “Donas 20 millones a Cáritas y te critican. Creas 90.000 empleos y te desprecian. Tributas millones y les irrita. La crisis es económica. Ya.”

Pero hete aquí que Amancio Ortega dona 20 millones a Cáritas y se monta la de San Quintín. Una autora de cuyo nombre no quiero acordarme salía el otro día poniendo en duda la legitimidad de los negocios del empresario y diciendo una sarta de despropósitos sobre él. Sin aportar ni una sola prueba que corrobore sus acusaciones, claro. Yo, como ciudadano de a pie, conozco poco de Amancio Ortega; veo un señor que es un “self-made man” cuya empresa da trabajo actualmente a muchas decenas de miles de personas; que ha hecho una fortuna currando y que, de esa fortuna, destina una pasta a los más desfavorecidos. Pero eso sí, ha cometido el “pecado” que no perdona la progresía del relativismo -para la que algunas cosas no son en absoluto relativas-: ha apoyado a la institución que da más credibilidad a la Iglesia y, lo que es peor, le ha dado publicidad. Se acaba de convertir en explotador, misógino, torturador, calculador y cicatero. Alucina.

Y luego, quizá para justificar las memeces de la literata, sale un sindicalista de los de la mamandurria comparando a Cáritas con la mafia, acusando de “atender a las personas necesitadas para hacerlas adictas o adeptas”. Sobran las palabras. Lo siento, chaval; al que le pica, ajos come. Pero digo yo, ¿qué ha hecho este señor sindicalista, su sindicato y todos los demás sindicatos por mejorar realmente la situación de miles de familias en situación de pobreza?, ¿discutir sobre la pobreza alrededor de una mariscada, mirando en su reloj de lujo a ver si les da la hora para irse de crucero, mientras no hacen NADA más que convocar huelgas para que las familias que ya tienen poco tengan todavía un día menos de sueldo?. Hombre, por favor… hemos perdido la poca vergüenza que nos quedaba.

Van a por Cáritas, no hay duda. Y si no, al tiempo. Lo que no tengo tan claro es que vayan a conseguir algo sólido, pero ya se sabe: calumnia, que algo queda…

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Acerca de Juan

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6 respuestas a Calumnia -a Cáritas-, que algo queda

  1. Txonio dijo:

    No puedo estar más de acuerdo. No soy un fan de Amancio Ortega, pero desde luego, si ha donado algo a los pobres, ya ha hecho mucho más por su país que todos los sindicatos y políticos juntos. Estas críticas a la generosidad de unos me recuerda a las retorcidas mentes de aquellos que criticaban a Teresa de Calcuta: que si lo de Teresa era aceptar la injusticia y mantenerla, que ayudaba a los desfavorecidos para convertirlos a base de pan, que lo que verdaderamente se necesita es más revolución y menos Caridad… Cuando otros ayudan, dejan en evidencia el propio corazón del que no ayuda y sabe que debería ayudar. La generosidad de otros apela a sus conciencias y eso les irrita. Esto me anima a ayudar más a través de Caritas.

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  2. Elena dijo:

    El espíritu humano es necio y envidioso. Si no ponemos por delante la generosidad propia y de los demás, surgen estas ideas que van encaminadas más a evidenciar las miserias personales que las capacidades de hacer el bien y de pensar en los demás que todos llevamos dentro.
    Ayudar a los demás debe ser un hecho sencillo, propio e íntimo. No soy partidaria de publicarlo, sin embargo vivimos de ejemplos en los que nos reflejamos. Si Amancio Ortega ha conseguido concienciar a alguien más de la necesidad de ayudar, ha hecho una gran labor por partida doble.

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  3. Juan Luis dijo:

    Muy bien expresado, Juan. Hasta ayer no sabía nada de esto, creo que me cogió de viaje. ¡Lo he compartido en Facebook!

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