Divertimento sobre la fe. Si es que,… ¡¡me da la vida!!

Fe y vida. Así se llamaba el libro de texto de religión que teníamos en no sé qué curso del colegio. Es un título muy atinado cuyo sentido yo no supe captar en su momento -supongo que dispersiones propias de la edad…-. Pero aunque yo entonces no lo viera, la verdad es que el título tiene una perfecta coherencia interna, porque, sencillamente, la fe no es real si no se hace vida.

La fe, que nos hace “salviformes”. Si el justo vive de la fe, como dice la Escritura, si nos salvamos por la fe, es porque la fe nos “conforma”, nos da forma, nos hace distintos a lo que éramos sin fe, es como una segunda naturaleza. Nos da la posibilidad maravillosa de ver este mundo con ojos nuevos, más atinados para captar su verdad profunda y la belleza que Cristo quiere infundir en nuestra vida. La fe es luz.

Por desgracia, muchos tienen su fe puesta en sordina, tapada por una capa que parece impermeable y que se ha ido formando a base de indiferencia, de comodidad, de actuar en contra de la propia conciencia,… y dicen que no tienen fe, basándose en razones que, aunque están “inspiradas en hechos reales”, en realidad no constituyen fundamentos sólidos.

La fe es luz, claridad, conocimiento. Cuando alguien tiene una linterna y descubre huecos a su alcance en los que la luz no entra, tiene dos opciones: o enfocar esos huecos con la luz de la linterna para intentar ver también ahí, o bien apagar la linterna pensado que, como hay sombras, en realidad su luz no es real. Vienen aquí muy a cuento unas palabras del beato John Henry Newman: “Lejos de mí negar que todas y cada una de las verdades de la fe cristiana, tal como son interpretadas por anglicanos o católicos, rebosan por todos lados problemas intelectuales que, personalmente, me veo incapaz de resolver, pero nunca he logrado ver la relación entre captar esas dificultades -con toda la pasión imaginable y con todas las ramificaciones que se les quiera buscar- y admitir dudas sobre la doctrina de que tratan. Tal y como yo lo veo, diez mil dificultades no hacen una sola duda”.

La dificultad de creer no equivale sin más a la duda; es más bien al contrario, en la medida en que un cristiano de buena voluntad procura aclarar las dudas estudiando, preguntando a los que saben más que él, meditando, poniendo a trabajar su cabecita -que para eso la tiene- y recurriendo a la oración; todo lo anterior es aplicar la luz de la linterna a las zonas que para él están todavía oscuras. La dificultad puede conducir precisamente al ejercicio de la fe, si se afronta desde la humildad, desde la confianza que busca el crecimiento, una confianza que quiere conocer más porque confía en Aquel a quien ama: “Fides quaerens intellectum” -volvemos una vez más a los clásicos…

Para el que cree, diez mil dificultades intelectuales no hacen una duda, y tampoco la hacen diez mil dificultades “disciplinares” que uno pueda observar: la Iglesia está compuesta por pecadores (¡yo el primero!); las personas que aducen los errores de algunos cristianos para justificar su falta de fe deben considerar en primer término que ellos mismos no están libres de errores y pecados… y que si procurasen ser mejores, no darían mal ejemplo a terceros. El mal ejemplo de otros no es una razón para el pasotismo, sino un acicate para la propia fidelidad: si cada uno de los cristianos -yo mismo en primer lugar- fuéramos más coherentes, conseguiríamos que la Iglesia estuviera en el mundo presentando su verdadero rostro.

Por otra parte, muchos cristianos no tenemos la fe puesta en sordina, pero sí nos sucede que la fe influye en nuestra vida mucho menos de lo que debería. Nuestros criterios de funcionamiento no están totalmente construidos según los valores del Evangelio, y eso se nota; San Josemaría utilizaba una imagen que es de cajón: Estas crisis mundiales son crisis de santos.

Tanto unos como otros, independiente de cuánto dejemos a la fe que se haga vida en nosotros, tengamos en cuenta esto en el año de la fe: el mejor favor que le podemos hacer a la sociedad en que vivimos es convertirnos una vez más, para ser ante los demás unos testigos del Evangelio más creíbles.

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Acerca de Juan

Con los ojos abiertos, ¡y con poco tiempo!
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2 respuestas a Divertimento sobre la fe. Si es que,… ¡¡me da la vida!!

  1. M Blanca Garca-Vaquero dijo:

    Me gusta. Un beso, Blanca

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  2. Eduardo José Silva Quilico dijo:

    gracias mil,es un tema de profundidad y reflexión

    un fuerte abrazo
    Eduardo.J.S.Q.

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