La confianza en Francisco

Hace poco publiqué la entrada Las palabras de Francisco. Me han llegado comentarios muy positivos, que agradezco de veras, y otros no tan positivos, que agradezco también porque son una muestra de confianza y además me aportan mucho.

Tras unos días de reflexión, anotación de ideas, etc, me parece que la conclusión es solo una: la importancia de la unión afectiva con el Romano Pontífice. Y la importancia de descubrir que esta unión afectiva ha de ser incondicional. Digo “afectiva”, por no hablar ahora de lo que supone una unión también “efectiva” con el Obispo de Roma.

En la “batalla” doctrinal que se libra actualmente, en frentes muy diversos, hay que reconocer que para las personas que estamos (¡gracias a Dios, no a nuestros méritos!) en la fe y en la disciplina de la Iglesia, tanto JPII como BXVI han sido Papas, digamos, “fáciles de querer”, y todos les hemos querido y les seguimos queriendo con locura. Era complicado para la progresía sacar de contexto sus palabras, y cuando lo hacían quedaba claro que se estaban deformando sus enseñanzas. No había posibilidad de sembrar desconfianza en torno a su persona y mensaje.

Nos encontramos ahora con un Papa que, en cierta medida, es mucho más del siglo XXI. El gran filósofo JPII y el gran teólogo BXVI han dado paso al gran pastor F. Y, no sé por qué, desde ciertos ámbitos de tendencia integrista ha sido mirado con recelo desde el principio. Quizá por ser Jesuíta, quizá por provenir del continente donde nació y proliferó la Teología de la Liberación,… quizá porque sectores progresistas que están influidos por sus propios desmanes doctrinales han querido arrimar el ascua a su sardina. No lo sé. Sí me parece que, entre unos y otros, han colaborado a provocar desconcierto entre amplios sectores de católicos en occidente, consiguiendo que nos fijemos más en quién nos dicen que es Francisco que en quién es realmente.

Francisco es de un barrio de Buenos Aires (¿viste, pibe?), se presenta ante los medios con gran frescura (en el más noble sentido de la palabra) , es espontáneo, rápido, vivo, concede gran importancia a los gestos personales, es amable y cercano con las personas a las que se dirige… Cada Papa tiene su cultura, sus matices de personalidad, sus acentos propios. Y de esa forma hay que quererle, sea quien sea. Y a todos hay que quererles con locura. Esto, al margen de que cada cristiano, por miles de circunstancias que pueden darse, se sienta un poco más cercano o note una especial simpatía con alguno en concreto; esto no tiene nada de particular, mientras se mantenga la unión afectiva con el Romano Pontífice reinante en cada momento. Porque, en ese momento, él es el Dulce Cristo en la Tierra, como decía Santa Catalina de Siena: es el Vicario de Cristo, al que hay que estar unido no sólo con la cabeza, sino con el corazón y con toda la persona. Unión total, afectiva y efectiva.

En concreto, San Josemaría Escriva, persona a la que yo llamo Padre con gran cariño y devoción, escribió ya en el año 1934: “Cristo. María. El Papa. ¿No acabamos de indicar, en tres palabras, los amores que compendian toda la fe católica?” Amor al Papa, por tanto, que no se reduce a un amor a sus palabras, o a sus enseñanzas, o a su forma de ser… no: amor al Papa, simplemente, sin condiciones.

El Papa podría equivocarse. Hay algunas condiciones en las que no, ya lo sabemos, pero fuera de ahí, como es lógico, puede equivocarse; sobre todo cuando sus declaraciones se producen como un comentario hecho sin mayor intención magisterial. Y por otra parte, tengamos en cuenta que hay todo un mundo de manifestaciones en las que propiamente no hay error o acierto, porque entran en el terreno de lo cultural, de lo temperamental, etc. Insisto en lo que decía en la entrada anterior: pueden no gustarme algunas expresiones o ejemplos que utiliza el Papa, pero esto no puede llevarme a desconfiar de él, y mucho menos a enfadarme con él.

Algunas personas me han dicho, un poco airadas, que el Papa debería limitarse a escribir encíclicas; se entiende lo que quieren decir. Yo pienso, sin embargo, que nadie tiene derecho a amordazar al Papa. Y que los católicos deberíamos estar muy contentos y muy agradecidos a Dios por darnos un Papa que se expresa con tanta libertad y, es obligado decirlo, con tanto acierto. Como decía más arriba, tenemos un Papa del siglo XXI y esto es lo que debemos esperar a partir de ahora. Dejemos hablar al Papa; lo cual quiere decir necesariamente: confiemos en sus palabras y procuremos entenderle bien, sin conceder importancia a detalles que en sí mismos son intrascendentes. Cuando no entendemos o no aceptamos al Papa,… quizá es que pensamos que ya lo sabemos todo.

Francisco está siendo piedra de toque de la unión con Pedro de algunos católicos, y pienso que esto tiene mucho de positivo. La unidad con el Vicario de Cristo en la tierra puede salir muy fortalecida en el pueblo cristiano, porque el estilo de Francisco obliga a emprender una reflexión de fondo y, a ser posible, en la presencia de Dios, sobre el alcance que debe tener esa unión con Pedro y sobre los motivos de fondo que la sustentan. Quizá para algunas personas esa unión tenga que ser resultado de una lucha interior, que comporta un examen de conciencia sobre la propia vivencia e inteligencia del mensaje cristiano. Y que sin duda les fortalecerá en la unidad y les preparará para querer más a este y a cualquier Papa que venga de ahora en adelante.

________________

Te pido por favor que des difusión a esta entrada, si te ha gustado y te parece oportuno. Puedes hacerlo con el botón de Facebook, Twitter… también puedes reenviar un link a esta entrada por correo electrónico.  ¡Gracias!
Anuncios

Acerca de Juan

Con los ojos abiertos, ¡y con poco tiempo!
Esta entrada fue publicada en Mías: opiniones, Religión y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a La confianza en Francisco

  1. carmen dijo:

    Hola Juan,
    creo que Dios siempre quiere decir “algo” con cada Papa, por eso estoy de acuerdo contigo en que hay que practicar la unidad afectiva con cada uno de ellos. Pero no sólo la afectiva. Como bien apuntas, el exceso de celo y la soberbia pueden confundirse.
    gracias

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s