Desde Tenerife (I)

Por fin me siento a escribir, varios días después de llegar a mi curso anual; vacaciones por fin, “el descanso del guerrero”. En esta ocasión vuelvo por las Canarias; ha pasado un tiempito desde la última vez, que si no recuerdo mal fue en 2011. Y la vez anterior que estuve en Tenerife fue bastante antes: 2008.

La casa se llama “Los Roques”, y está en el casco viejo de un pueblo del sur de la isla llamado Arona. Es un municipio, como muchos por aquí, desperdigado en varios barrios inconexos entre sí, dispersos. Arona casco viene a ser el núcleo del pueblo, donde están algunos servicios como Ayuntamiento, Policía Municipal, etc. Está a unos 600 metros de altitud, aunque los terrenos del municipio van desde la costa hasta más de 900 metros. Hay que saber que la isla de Tenerife es sencillamente un volcán (más de uno originariamente) en cuyas faldas se organiza la vida, por lo que aquí todo es montaña, todo está en cuesta. Incluso en la zona de la costa hay altibajos del terreno formados por la erosión, que ha ido produciendo barrancos muy profundos. El terreno es en general accidentado.

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Foto de la fachada de la casa, tomada la misma noche de nuestra llegada. El balcón es de la habitación que se utiliza como sala de estar.

La casa es una antigua casa señorial, donada a la Obra por la antigua dueña, y a la que se añadió una zona nueva de dormitorios. En total tiene unas 25 plazas y, sin ser nada del otro mundo, resulta agradable. Tiene un patio típico canario, y las habitaciones de la zona antigua tienen un tono rústico simple y simpático: sala de estar, comedor, un par de salitas y algunos dormitorios. El oratorio está en la zona nueva y resulta fresco y acogedor, con un estilo bastante canario.

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Fachada de la casa el día 17, que es la fiesta del pueblo.

La actividad: mi curso anual. Unos días (tres semanas) de convivencia, para tomarse las cosas con calma, descansar, estudiar, rezar con más tranquilidad de lo habitual, hacer deporte y… como su propio nombre indica, convivir con otras personas de la Obra: conocer otras personas, otras labores, etc. Unos días que son deliciosos se pasen donde se pasen, y si se pasan en un sitio como Tenerife ya ni te cuento.

La llegada: el bofetón

Veníamos tres personas desde Pamplona, y el plan de viaje era tren mañanero desde Pamplona, y luego avión desde la T4 al aeropuerto de Tenerife sur. Hora de llegada a la isla: 13:30; hora de comienzo del curso anual: la hora de cenar. Conclusión: primera tarde en la isla de tranquilidad, comer por ahí, paseo, bañito… ilusos…

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Aquí estamos los tres viajeros que vinimos desde Pamplona. Empezando por la derecha (además, es de Bilbao), Javi, Ignacio y yo.

Íbamos con el tiempo bastante medido entre la llegada del tren y la salida del bión. El Altaria salió bien desde Pamplona y llegó en hora a la estación de Atocha, hasta ahí todo en orden. Al llegar a Atocha y salir hacia la estación de Metro, vimos un cartel de los trenes de Cercanías, puesto ad hoc para anunciar la línea de conexión directa con la T4, lo cual claramente nos convenía… ahí comenzó el desastre. Estuvimos esperando 7′ al tren, y una vez que lo hubimos cogido empezamos a sospechar… que ese tren en concreto se quedaría en Chamartín; y efectivamente, se cumplieron las malas expectativas: en los prodigiosos sistemas de información de RENFE aparece una línea de cercanías directa a la T4, pero en ningún sitio avisa de un pequeño detalle: NO TODOS los trenes de esa línea llegan a la T4. Tuvimos que esperar en Chamartín a la llegada del siguiente tren, que sí llegaba hasta la T4, y que en el trayecto que nos faltaba fue literalmente pisando huevos. Y yo me iba poniendo negro. Toootal, que perdimos el avión; llegamos no más de 5 o 10 minutos después del cierre del vuelo y no hubo nada que hacer. Si hubiéramos utilizado el metro, que era el plan inicial, habríamos llegado incluso con cierto margen. ¿Y qué hacemos?; pues billete nuevo, no hay otra. En Iberia nos daban la alternativa de un vuelo para esa tarde, ¡a 600 euros cada billete!; la l_che. Estuvimos mirando en Rumbo, y conseguimos uno bastante más barato, gracias a Dios. Más barato, pero que me duele como si fuera un bofetón, por principiante…

Habíamos amarrado que uno de los cinco sacerdotes que está en el curso anual celebraría la Misa ese día por la tarde, a las siete y media, en Los Roques. Pero con el nuevo vuelo no sólo se nos iba al garete todo el fantástico plan de esa primera e idílica tarde canaria, sino que además no podríamos llegar a esa Misa, así que como teníamos tiempo hasta el vuelo, fuimos desde Barajas a Madrid para asistir a Misa en la Parroquia de los Doce Apóstoles. Por lo menos no nos quedamos ese día sin Misa, que ya habría sido el remate…

Comienzan las vacaciones: la tranquilidad

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Botón de muestra de un atardecer típico en la zona costera de Arona. Temperatura en esos momentos… unos 23º

Nos recibió la isla con buen tiempo y temperaturas suaves. Variando un poco de día en día, claro, pero agradables en general. En la costa es lo habitual, pero en la zona donde está la casa te puedes encontrar en ocasiones con una climatología más desfavorable, por la altitud y la cercanía al interior de la isla. De hecho, los lugareños comentan que en enero no suele hacer tan buen tiempo como está haciendo este año. Pero la verdad, lo que más descansa es saber que en estos momentos los godos de la península (y lo que a mí más me interesa, Pamplona en concreto) están con avisos y realidades de nevadas, temporales, fríos, nevadas, temporales, fríos… y uno en cambio anda por aquí, “en otro ambiente”, jejeje.

Foto sacada la primera mañana en el jardín de la casa. Estoy con Julio, de Madrid.

Foto sacada la primera mañana en el jardín de la casa. Estoy con Julio, de Madrid. Para fijarse: el cielo.

En el curso anual estamos veintiuna personas, procedentes de distintos lugares de la península: Madrid, Valencia, Galicia, Andalucía, Asturias, Aragón, Navarra; es un tamaño de actividad muy agradable, sin masificaciones pero al mismo tiempo suficiente como para que haya ambientillo.

A varios ya les conocía, porque el público que hacemos el curso anual en estas épocas solemos ser siempre más o menos los mismos y con el tiempo uno va conociendo a todos. Las edades del personal son variadas, con un grupo joven bastante amplio y movido. Y al venir de lugares y labores también bastante variadas, las tertulias resultan más enriquecedoras.

Primera sorpresa: regalo musical

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Los Sabandeños “forman” frente a la fachada de la iglesia de Arona

El sábado 9 empezaba la Novena a San Antonio, patrón de Arona. Y con motivo de la Novena, nos encontramos con la sorpresa de que en la plaza de la iglesia del pueblo, plaza del Santísimo Cristo de la Salud (a un minuto de la casa) estaba programado un concierto ¡¡de Los Sabandeños, nada menos!!. Un concierto popular, abierto a todas las personas que acudiesen. Impresionantes voces, rondalla y acompañamiento de percusión y viento. E impresionantes canciones, claro. Una delicia. Estuvimos varios del curso anual disfrutando allí; la ocasión la pintan calva.

 

 

Domingo-viernes, el periodo de “desmovilización”

Ocurrió el domingo 10 también, el mismo día del concierto de Los Sabandeños. Pero por la mañana. La Caleta, una y cuarto del mediodía. Extremo oeste de la gran urbe turística del sur de Tenerife. Tras un rato de carrera por la zona costera de La Caleta y Adeje, el esforzado (y agotado) corredor se dispone a darse un bañito de agua salada, que se lo ha ganao. El mar, un puntito picado. La marea, alta. El otrora velocista deja sus cosas en un lugar cercano a la zona de zambullida, sin pensar siquiera en la posibilidad de que sucediera… lo que sucedió.

El baño transcurre con alguna dificultad, en forma de un oleaje un poco bravo que impedía en cierta medida la estabilidad para regresar a la barandilla de amerizaje y desamerizaje, y para caminar posteriormente por la zona de rocas que hay entre barandilla y paseo. Y en forma también de ¿un león marino?… ¿una ballena azul?… no, más bien una oronda señora en aderezos de baño que ofrece al atleta una poco agradable visión de la zona más carnosa (y grasienta) de sus cuartos traseros cuando va a salir por la barandilla. Gracias a Dios, no se produce colisión.

Pero la verdadera tragedia es que, una vez en tierra firme, me doy cuenta de que la mochila y la toalla han sido barridas por una ola más violenta de lo normal, que las ha arrastrado a una poza. El resultado es que toda la mochila está empapada y con un par de litros en su interior. Y en el interior del par de litros del interior de la mochila… ¡¡el teléfono móvil, pardiez!!. Qué desastre. No hubo forma de recuperarlo, a pesar de los intentos de secarlo, de enjuagarlo, de zambullirlo en toneladas de arroz… nada. Asín que, entre certificar la muerte del teléfono, encontrar un lugar de la isla donde hubiera otro ejemplar de ese mismo móvil, comprarlo y ponerlo en marcha,… he estado “en desconexión” durante más de cinco días y varias gestiones de idas y venidas. Aparte del billete de avión extra, ahora un móvil extra; a pesar de que, menos mal, mi móvil no es caro, este curso anual me está saliendo por un ojo de la cara…

Lunes, la aproximación a Santa Cruz

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Así estaba la tarde de ese lunes de escapada a Santa Cruz. Foto en la playa de Las Teresitas.

El lunes tuvimos retiro mensual durante toda la mañana y primera hora de la tarde y, al terminar, un grupito de cuatro nos fuimos a Santa Cruz. Como el curso anual este año ha comenzado bastante pronto, no me dio tiempo a comprar un par de prendas de ropa en la rebajas de Pamplona, y ya me hice a la idea de comprarlas en el Corte Inglés de aquí. Menos mal que esta gestión fue exitosa, porque con lo del avión y lo del móvil, andaba yo un poco fastidiao… Los otros tres aprovecharon también para hacer alguna compra en Media Markt. La tarde estaba preciosa.

La primera excursión: el desnivel

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Anaga, en el norte de Tenerife

Y así iban pasando los días, con alguna salida a correr, algún bañito, alguna que otra servesita por la tarde a última hora… y llegó el miércoles, día de excursión. Objetivo: Anaga. Tiempo estupendo. Nueve personas, en dos coches.

Anaga es una zona muy rocosa de la isla en la que se da una gran variedad de paisajes. Es una verdadera preciosidad. No estaba muy claro el plan inicialmente, la verdad, y a medida que íbamos llegando ya se fue perfilando. Escogimos lo que luego se vio que había sido una gran opción: caminata desde la Cruz del Carmen hasta Punta del Hidalgo, una travesía de 9,7 km., en la que sales de una altitud de casi 1.000 metros y llegas al nivel del mar. Hubo dos héroes, Pablo y Javier, que se quedaron con los coches y los bajaron a la zona de llegada, y esperaron al resto de la expedición.

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Paisaje al comienzo del descenso: bosque cerrado.

Comienzas en la zona boscosa de Anaga, y terminas por otra zona despejada, con otro tipo de flora local y unas vistas alucinantes, y ese día con un sol fantástico. El último tramo es de bajada-bajada, pero bajada que te pasas. Tras la excursión he estado varios días con los gemelos y las espinillas doloridas…

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Parada al poco de empezar el descenso, para elegir sendero en un cruce. Javi, yo, Santi, Julio, Javier, Pablo, Ignacio, Alex (y otro Javier el que sacó la foto)

Comimos a mitad de camino los bocatas y demás que llevábamos, rodeados de unas lagartijas y lagartos que estaban expectantes por ver si les caía algo (algo les cayó) y no tuvimos más remedio que parar un par de veces para contemplar el paisaje. Hay momentos del descenso en que estás justo encima del mar, y la vista de los acantilados es impresionante.

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Zona de costa.

Al llegar al destino cogimos los coches y nos fuimos a otro pueblo cercano, donde hay unas piscinas naturales. Lo que tienen de natural es que el agua que está dentro es agua de mar que entra y sale con la marea. Es decir, el oleaje inunda las piscinas. Te bañas en agua de mar, con mucha más tranquilidad.

Ahí cerca nos tomamos un cafecito tranquilamente para reposar la proeza, y luego nos volvimos a casa pasando por Santa Cruz, donde paramos en un club de chavales (Ucanca) para recoger algo de material que nos prestaron para la siguiente excursión, de la que daré puntual cuenta… ¡cuando se produzca!. Ahí hicimos la oración de la tarde, y vuelta para Los Roques.

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¡¡Hasta la próxima entrega!!

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Acerca de Juan

Con los ojos abiertos, ¡y con poco tiempo!
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2 respuestas a Desde Tenerife (I)

  1. Martín Esparza dijo:

    Hola Juan. Me divierte leer tus fiascos. Mi expedición a Canarias también tuvo que repetir la compra del billete de avión; eso sí, no perdí el móvil por ninguna ola; aunque sí me machaqué la rodilla bajando del pinar de Tamadaba; cinco meses para recuperarla. Claro que Canarias vale la pena- al menos una vez. Saludos

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