Los ojos – #microcuentodenavidad #10MinutosconJesús #FelizNavidad

José no sabía muy bien dónde estaba. Y además, se preguntaba algo curioso: «¿qué está pasando con los ojos de la gente?». La verdad, todo era un poco raro.

Vio a Yejudiel Bar Jared, un vecino que pasaba por allí. «Oye, Yejudiel, ¿qué hay de tus ojos», le preguntó.

— Hola, José. Pues mira, yo solía tener siempre los ojos cerrados; y un día, cuando ya era un jovencito, los abrí. No sé por qué. Por un rato me alegré al ver todas las cosas que había a mi alrededor; sentía como… como que yo formaba parte de algo, ¿sabes?, y que en ese conjunto mi existencia tenía un sentido; dí muchas gracias por ello a Adonai. Pero luego las cosas cambiaron. Ví un Siclo que tenía mi padre en casa y mira tú que, de repente, noté que la moneda había dado un salto, se me había metido en el ojo izquierdo y, al mismo tiempo, todo lo que estaba a mi alrededor se había vuelto oscuro. Desde entonces sólo pienso en dinero. Algunas veces me da por recordar que desde niño mi madre estaba continuamente queriendo entrar en mi ojo derecho y yo me empeñaba en tenerlo cerrado. Cuando lo pienso, me lo quito rápidamente de la cabeza; estoy muy ocupado comerciando, ¿sabes?, y no tengo tiempo para nostalgias tontas.

Yejudiel calló de repente. José no le vio más. Pero empezó a hablar Jared, un vecino de Belén bastante simpático que José conoció a los pocos días de llegar con María, quien le contó también algo sobre sus ojos: tenía uno lleno de comida y el otro lleno de bebida; y cuando veía un buen almuerzo ya preparado, ¡se le iba la cabeza y no era capaz de pensar en otra cosa!.

José estaba empezando a sentirse un poco depre, porque había tenido varios encuentros con historias por el estilo. Pero al rato apareció Suri Bat Joshua, una vecina de Belén, jovencita, nerviosa y alegre, que les había visitado varias veces en la gruta.

— ¡José!. Bueno, ahora que te veo por aquí,… ¿sabes qué me ha pasado?, ¡no te lo puedes ni imaginar!, y yo ya no me lo callo más. Seguro que no sabes por qué voy tanto a veros, ¿verdad?. Pues mira, es que la primera vez que ví a Jesús, ¡se me metió en los ojos!, pero en los dos, ¿eh?. ¡Tal como te lo cuento!. Y resulta que… ¡pues que ya no me lo puedo sacar!. Bueno, ni puedo ni quiero. Se lo dije a María en cuanto me pasó, y ella me susurró al oído que no me preocupase, que eso le pasaría a mucha gente a partir de ahora y que es algo bueno. Yo no lo entendí del todo, pero como me fío de Maria, me quedé tan contenta. Desde que me entró Jesús en los ojos ¡no paro de pensar en él todo el día! y, la verdad, ¡estoy encantada!.

La Virgen vio que su esposo, dormido plácidamente en un lugar del Portal donde a veces se sentaba para descansar, después de estar un rato con la cara inexpresiva, empezaba a sonreir entre sueños.

 

1 de enero de 2021

Acerca de Juan

Con los ojos abiertos, ¡y con poco tiempo!
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